
No había ni un pueblo en toda la tierra. Lobos, víboras y otros animales vivían en la oscuridad, pues no existían entonces ni el sol, Nuestro Padre, ni el fuego, Nuestro Abuelo.
Una vez, apareció en la laguna un animal parecido a un toro. Allí se paró. La gente lo miró con sorpresa, pues alumbraba, iluminaba, brillaba mucho. Salió de pronto y regresó por donde había venido. Diariamente llegaba a pararse en la laguna.
La gente estaba intrigada, pues no sabía qué clase de animal era. Se juntaron y se fueron a orillas de la laguna, allí se quedaron esperando a que saliera. Al rato salió y allí se estuvo. Intentaron flecharlo, pero las flechas se quemaban sin dañarlo.
Un hombre sabio, un ancestro, había descubierto lo que quería el toro; y dijo a la gente que había llegado la hora, que ya se cumpliría lo que él sabía.
-Miren -les dijo-, lo que ese animal quiere es que le junten sus alimentos: yesca y leña de todas clases, para arder en ellas.
Escucharon las palabras del sabio y reunieron cuanta había pedido. El animal llegó a la laguna y allí estuvo un rato. Otra vez empezaron a tirarle con sus flechas sin lograr herirlo.
Se quedaron pensativos, nada podían hacer. ¿Cómo dominarlo? ¿Cómo quitarle aquello que el sabio había visto?
El ancestro habló nuevamente: -Vamos a pedirle ayuda a la estrella más grande.
Como este ancestro tenía poderes, habló con él y lo trajo hasta donde estaba el animal. Le enseñaron cómo era de brillante el toro, él lo vio.
El animal salió de la laguna y tomó el camino que acostumbraba tomar. Iba a la mitad de ese camino cuando el señor estrella saltó sobre él, descascarándolo y haciendo que de su cuerpo saltaran chispas. La gente corrió llevando la yesca y la leña que tenían preparadas, las encendieron y añadieron más leña hasta que creció la lumbre.
Así fue como se adueñaron del fuego. Formaron luego un pueblo pequeño. Otras gentes no tenían fuego, vivían aislados; no los aceptaban ni permitían que se les unieran pues no habían participado en la creación de Nuestro Abuelo el fuego.
Los otros empezaron a tramar cómo robárselo, pero nunca los dejaban acercarse alrededor de la lumbre.
Un tlacuache se comprometió: -Les aseguro que yo me lo robaré -les decía a su gente.
Fue con aquéllos, llegó con el que allí gobernaba y empezó a platicarle.
Así admitieron que se acercara a la lumbre. Allí se sentó. Empezó a preguntar dónde habían obtenido algo tan maravilloso que calentaba así. El tlacucache, que tenía frío, se calentó. Repetía:
-¡Qué cosa tan maravillosa tienen ustedes! ¡Estoy tan a gusto! Tengo sueño, ¿me dejan dormir aquí?
-Si no vienes a robárnoslo, si dices la verdad -dijo el jefe-, te damos permiso.
-No, no vengo a robar -mintió.
Lo dejaron y el jefe ordenó a su gente:
-Vigílenlo, no sea que se lo lleve. Mientras unos duermen, otros velen. Cuando los dormidos despierten, ésos velarán que el tlacuache no se vaya.
El tlacuache escuchó las órdenes y se acostó, esperando que los otros se acostaron también.
Pusieron más leña en el fuego y se acostaron alrededor del tlacuache haciendo cinco vallas alrededor del animal, que quedó junto a la hoguera.
El tlacuache pensaba: "¿Cómo saldré?" Hizo un plan, pues tenía poder.
El tlacuache durmió a todos con su poder, todos empezaron a roncar alrededor. Calculando que ya estaban profundamente dormidos, se levantó sin hacer el menor ruido. Agarró un tizón y se lo llevó en su cola enrrollada. Silenciosamente cruzó las cinco vallas hasta que salió. Cuando estuvo fuera echó a correr.
Alguien oyó el ruido y gritó: -¡Ya nos robaron el fuego!
Despertaron todos y lo persiguieron, pero ya no lo pudieron alcanzar, lo perdieron de vista, no supieron por dónde se había ido.
El tlacuache llegó a su casa, preparó la hoguera y prendió el fuego. La gente, en todas partes, obtuvo fuego. Así se repartió entre todos; así rindió. La cola del tlacuache se peló cuando robó el tizón, y así la tiene hasta la fecha.
domingo, agosto 31
CÓMO APARECIÓ NUESTRO ABUELO EL FUEGO
viernes, agosto 29
GOLPEA
Cobarde entre los cobardes
Detienes el golpe atemorizado
Tienes miedo de verte derrotado por la suerte
¿Qué esperas que no lo sueltas?
¿Qué no sientes en las venas el galope de la fiera que vengarse espera?
Golpea, que la vida no espera, enviste su fuerza contra ti golpe a golpe, tristeza a tristeza, libra tus fuerzas internas y externas, que no vea que ellas flaquean, si lanza un embate fortuito disfrazado de accidental fracaso: no temas, tu casta de héroe lanzara la fiera que venga tu suerte, la que honra tu nombre y levanta tu frente y dice sonriente...
así sea.
Golpea, que la vida no espera.
Golpea.
miércoles, agosto 27
DEL GUSANO AL HOMBRE
"Habéis recorrido el camino que va del gusano al hombre, y todavía queda en vosotros mucho del gusano. Un tiempo fuísteis monos, y el hombre es ahora más mono que cualquiera de los monos."
TRES CHANGUITOS

En el árbol de la evolución habían tres changuitos aferrados a una rama: el changuito miedoso, el changuito amoroso y el changuito agresivo. Al changuito miedoso ni quien lo pelara porque simplemente deseaba ser invisible y así evitar confrontaciones; el changuito amoroso resolvía los conflictos con la fuerza del amor, pero no el amor cursi, ñoño, asexualizado de los changos ñoños del siglo XIX que hasta hoy perdura sino el amor a pelo y a contra pelo, el amor sudoroso y apretón, el amor que raspa y da empujones, el que hace jadear, gemir y gritar. El changuito agresivo sabía siempre que la única forma de conseguir lo que quería era usando la fuerza para robar, matar, usurpar, entrampar y anteponerse a los demás por el miedo. Mientras el changuito agresivo destruía, quemaba, pillaba, masacraba y esclavizaba, el changuito amoroso continuaba amando, protegiendo, cogiendo, deleitandose de lo bello natural o artificial y construyendo maravillas; pero lleguó el momento en que el changuito agresivo sabía que todos sus movimientos hacía un lado eran contrapuestos por los del changuito amoroso hacia el otro: decidió que ya era hora de ponerle fin y en un arrebato de locura, sentenció la existencia misma del changuito amoroso al olvido: lo censuró de todos los libros, de las escuelas, de los centros de saber y de la memoria colectiva. ¡Llegó hasta tal punto la ceguera al respecto de la existencia misma del changuito amoroso que ya nadie podía reconocerlos ni aunque los vieran!
Entonces el changuito agresivo comenzó a desarrollar toda una serie de teorías sobre cómo los changuitos de hoy descienden del Gran Chango Ancestral, el más agresivo de todos. Lo peor es que los changos miedosos, que son siempre la mayoría, se van siempre por las ramas y apoyan a quien se golpee el pecho más fuerte y haga más ruido con las hojas . Pero el changuito agresivo sólo piensa en sí mismo, no le importa si los demás están cómodos, bien comidos y satisfechos sexualmente. Al chango agresivo sólo le importa su propio beneficio y luchará por conseguir siempre el mejor trato sea o no injusto para los demás. Y como ya nadie se acuerda de lo que representaba el chango amoroso –incluso después de malcoger-, los changos miedosos ahora amnésicos sólo veían al chango agresivo como única vía para continuar su existencia, así tengan que trabajar duro por apenas unos cuantos cacahuates, así tengan la prueba contraria de lo que se les dijo, así tengan que dejar de comer bien o dormir en las ramas más apestosas y espinosas de la cada vez más reducida jungla.
lunes, agosto 25
EL «YO» COMO ESTADO FUNCIONAL DEL CEREBRO
¿Cómo puede ser el «yo» un estado funcional del cerebro?
El núcleo de mi tesis radica en el concepto de oscilación neuronal, como la de las cuerdas de una guitarra o de un piano cuando las pulsamos. Las neuronas tienen una actividad oscilatoria y eléctrica intrínseca, es decir, connatural a ellas, y generan una especie de danzas o frecuencias oscilatorias que llamaremos «estado funcional».
Por ejemplo, los pensamientos, las emociones, la conciencia de sí mismos o el «yo» son estados funcionales del cerebro. Como cigarras que suenan al unísono, varios grupos de neuronas, incluso distantes unas de otras, oscilan o danzan simultáneamente, creando una especie de resonancia. La simultaneidad de la actividad neuronal (es decir, la sincronía entre esta danza de grupos de neuronas) es la raíz neurobiológica de la cognición, o sea, de nuestra capacidad de conocer.
Lo que llamamos «yo» o autoconciencia es una de tantas danzas neuronales o estados funcionales del cerebro. Hay otros estados funcionales que no generan conciencia: estar anestesiado, drogado, borracho, «enlagunado», en crisis epiléptica o dormido sin soñar. Cuando se sueña o se fantasea, ya hay un estado cognoscitivo, aunque no lo es en relación con la realidad externa, dado que no está modulado por los sentidos.
Pero en los otros casos o estados cerebrales, la conciencia desaparece y todas las memorias y sentimientos se funden en la nada, en el olvido total, en la disolución del «yo». Y, sin embargo, utilizan el mismo espacio de la masa cerebral y ésta sigue funcionando con los mismos requisitos de oxígeno y nutrientes.
Aunque el estado funcional que denominamos «mente» es modulado por los sentidos, también es generado, de manera especial, por esas oscilaciones neuronales. Por tal razón podríamos decir que la realidad no sólo está «allá afuera», sino que vivimos en una especie de realidad virtual.
Es decir, que no es tan distinto estar despierto que estar dormido...
El cerebro utiliza los sentidos para apropiarse de la riqueza del mundo, pero no se limita a ellos. Es básicamente un sistema cerrado, en continua actividad, como el corazón. Tiene la ventaja de no depender tanto de los cinco sentidos como creíamos. Por eso, cuando soñamos dormidos o fantaseamos, podemos ver, oír o sentir, sin usar los sentidos, y por eso el estado de vigilia, ese sí guiado por los sentidos, es otra forma de «soñar despiertos».
El cerebro es una entidad muy diferente de las del resto del universo. Es una forma distinta de expresar «todo». La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás. Tranquilizante o no, el hecho es que somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.
sábado, agosto 23
jueves, agosto 21
HUMANIDAD DE METAL
Humanidad de metal
Cuerpos de carne inerte ante la posibilidad
De vidas que van y vienen, muertes que se quedan y vidas que se van,
fuegos que rayan lo fugaz en un mismo y eterno final
Gotas que agujeran los cerebros, que no mojan el paraguas del burgués ni apagan el icono encendido ni dejan arder al que debiera arder
Conjunto de pétalos descritos cual tesina
cuya forma nos dice: ser vivo no es todo ser vivo
cuyo aroma se pierde entre nimbos cúmulos o cirros por ser siempre etéreo por ser siempre psique por el no membrete por el no papel
Humanidad de metal, cuerpos de carne inerte ante la probabilidad, nichos mostrando perfecta moralidad a fuerza de ser callada a causa de maquillar
Héroes de nieve bajo verdades de sol, ismos de oro en manos de Barrabas, cumulo de huesos bajo la sombra del callado ciprés, que grande y poderoso mirando desde lo alto prefiere no ver
Campanas tocando a duelo por una eternidad, noticias que nunca llegan ruegos que jamas se escucharan, ojos con todas las lágrimas por dar, lágrimas cansadas de rogar, miedo de soñar, de hablar, de huir, hijos preparándose a partir, sangre cada vez mas diluida
Gotas agujerando los cerebros, muertes que se quedan y vidas que se van, humanidad, una sola, una misma, de metal.
Rodrigo Aparicio
(poesía en audio; algunos errores por mala calidad de audio)
miércoles, agosto 20
TIERRA GEMELA

El experimento mental de la Tierra Gemela fue concebido por el filósofo Hilary Putnam en su obra The Meaning of “Meaning” (El significado de “significado”) y fue uno de los primeros argumentos de lo que ha pasado a conocerse con el nombre de externalismo semántico.
La formulación original de Putnam fue:
Empezamos suponiendo que en cualquier otra parte del universo hay un planeta exactamente como la Tierra en casi todos los aspectos al que nos referimos como “Tierra Gemela” (debemos suponer también que los alrededores de relevancia de la Tierra Gemela son idénticos a los de la Tierra; que orbita alrededor de una estrella idéntica a nuestro sol, etc.). En la Tierra Gemela hay un equivalente Gemelo de cada persona y cada cosa de la Tierra. La única diferencia entre los dos planetas es que no hay agua en la Tierra Gemela. En su lugar hay un líquido superficialmente idéntico pero químicamente diferente, que no está compuesto de H2O, sino de una fórmula más complicada que abreviamos como “XYZ”. Los habitantes de la Tierra Gemela que se refieren a su lengua con el nombre de “español” llaman a XYZ “agua”. Por último, situamos la fecha de nuestro experimento hace muchos siglos, cuando los habitantes de la Tierra y de la Tierra Gemela no tenían ninguna forma de saber que los líquidos que llamaban “agua” eran H2O y XYZ respectivamente. La experiencia de la gente de la Tierra con el agua y la de la Tierra Gemela con XYZ sería idéntica.
Ahora se presenta la cuestión de si cuando un habitante de la Tierra, llamado Óscar y su gemelo de la Tierra Gemela dicen “agua” se refieren a la misma cosa (el gemelo también se llama Óscar en su propio planeta, por supuesto. Además, los habitantes de ese planeta llaman a su propio planeta “Tierra”. Por comodidad, nos referimos a este planeta como “Tierra Gemela” y extendemos esta convención de nombres a los objetos y gentes que lo habitan, en este caso refiriéndonos al gemelo de Óscar como Óscar-Gemelo, y al agua gemela como Agua Gemela). Ex hypothesi, sus cerebros son idénticos molécula a molécula. Pero, al menos de acuerdo con Putnam, cuando Óscar dice agua se refiere a H2O, mientras que cuando Óscar-Gemelo dice “agua” se refiere a XYZ. El resultado de esto es que el contenido del cerebro de una persona no es suficiente para determinar la referencia de los términos que emplean, sino que se debe examinar la historia causal que llevó a estos individuos a adquirir el término. (Óscar, por ejemplo, aprendió la palabra “agua” en un mundo repleto de H2O, mientras que Óscar-Gemelo aprendió la palabra “agua” en un mundo repleto de XYZ.)
Esta es la tesis esencial del externalismo semántico. Putnam resumió esta conclusión con la afirmación de que “los «significados» simplemente no están en la mente.”
En su artículo original, Putnam dijo que las referencias de las aguas de los gemelos variaban incluso aunque sus estados psicológicos fueran el mismo. En consecuencia, Tyler Burge postuló en “Other Bodies” (1982) que los estados mentales de los gemelos son diferentes: Óscar tiene el concepto H2O, mientras que su gemelo tiene el concepto XYZ. Putnam se ha mostrado de acuerdo con la interpretación de Burgue del experimento.
SÍNDROME DE COTARD

El síndrome de Cotard, también llamado delirio de negación o delirio nihilista, es una enfermedad mental relacionada con la hipocondria. El afectado por el síndrome de Cotard cree haber fallecido, sufrir putrefacción de los órganos o simplemente no existir. En algunos casos el paciente se cree incapaz de morir.
Los pacientes llegan a creer que sus órganos internos han paralizado toda función, que sus intestinos no funcionan, que su corazón no late e incluso que se están pudriendo, llegando a presentar algunos alucinaciones olfativas que confirman su delirio (olores desagradables, como a carne en putrefacción). En sus formas más complejas el paciente llega a defender la idea de que en realidad él mismo está muerto e incluso que han fallecido personas allegadas a él. Junto con esta creencia de muerte el paciente mantiene una idea de inmortalidad, como si se hubiera convertido en un "alma en pena".
Un caso famoso del síndrome Cotard describe a una mujer que estaba tan convencida de su muerte que insistía en vestir un sudario y se instaló en un ataúd. Pidió ser enterrada y como sus familiares se negaron, permaneció en su ataúd hasta que falleció algunas semanas después.
Young y Leafhead describen un caso moderno de síndrome de Cotard en un paciente que sufrió daños cerebrales debido a un accidente de motocicleta:
Los síntomas [del paciente] se dieron en el contexto de sensaciones más generales de irrealidad y de estar muerto. En enero de 1990, después de recibir el alta en el hospital de Edimburgo, su madre lo llevó a Sudáfrica. Estaba convencido de que había sido llevado al infierno (lo que se confirmaba por el calor), y que había muerto de septicemia (que había sido un riesgo al principio de su recuperación), o quizá de SIDA (había leído una historia en The Scotsman acerca de alguien aquejado de SIDA que había muerto de septicemia), o de una sobredosis de una inyección contra la fiebre amarilla. Pensaba que se había "apropiado del espíritu de mi madre para mostrarme el infierno", y que seguía dormido en Escocia.
lunes, agosto 18
domingo, agosto 17
sábado, agosto 16
HEMOS INVENTADO LA FELICIDAD
Hemos inventado la felicidad –dicen los seres humanos a los que Zaratustra dirige su enseñanza. Nietzsche los llama los últimos hombres, pequeños, mezquinos, cansados incluso para morir, se aferran a su propia domesticación que consideran prosperidad, convencidos de haber logrado con el progreso el máximo de libertad.
Antes de que fuera burocratizada por las universidades y convertida en un discurso académico la filosofía fue una práctica, un...
"way of life".
Un filosofo que llevo hasta su muerte una filosofía practica fue Diógenes el cínico, al que el conquistador Alejandro Magno quería conocer. Ante la propuesta de Alejandro que le ofrecía cumplir cualquiera de sus deseos, el filósofo contestó acostado en su barril tomando el sol:
Diógenes le dice a Alejandro que él a pesar de creerse poderoso como rey carece de los signos propios del que tiene un verdadero poder:
Si la figura de Diógenes tiene una poderosa seducción, se debe al hecho de que manifiesta una liberación absoluta frente a cualquier poder, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales, mientras ponía en práctica el antiguo principio de que sólo es libre el que se gobierna a sí mismo. Se cuenta que en una ocasión Diógenes fue tomado como esclavo y cuando se le preguntó qué sabía hacer, contestó: "Gobernar hombres", después ordenó al pregonero: "Pregunta a los presentes si alguno precisa comprarse un amo". No perdía ocasión de despreciar las convenciones y denunciar la existencia de absurdos obvios en la vida normal y civilizada:
“Alguien muy supersticioso le amenazó: « De un solo puñetazo te romperé la cara »”; Diógenes replicó: « Y yo, de un solo estornudo a tu izquierda te haré temblar »”.
“Pedía limosna a un individuo de mal carácter. Este le dijo: «Te daré, si logras convencerme.» «Si yo fuera capaz de persuadirte –contestó Diógenes- te persuadiría para que te ahorcaras».”
Solía comentar que no iba al teatro porque le bastaba ver el mal desempeño de los actores en la sociedad. Y actor se dice en griego hipokrités, de donde deriva hipócrita como aquel que vela sus auténticos sentimientos en provecho del personaje con el que cumple. Diógenes –y a sus sucesores– se los llamaba cínicos, que literalmente significa perros. Pues justamente el estilo de vida cínico pone en juego la mayor desfachatez y la impudicia que proverbialmente muestran los perros.
"Cuando Platón vio a Diógenes lavando unas hierbas, se acercó calladamente y le dijo: 'Si estuvieras en la corte de Dionisos, no estarías lavando hierbas', y que Diógenes, con idéntica calma, respondió: 'Si lavaras hierbas, no precisarías seducir a Dionisos'"
“En un banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro: Diógenes, comportándose como un perro, orinó allí mismo”
Observando cierta vez un niño que bebía con las manos, arrojó el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: « Un niño me superó en sencillez.» Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan”
“Decía imitar el ejemplo de los maestros de canto coral, quienes exageran la nota para que los demás den el tono justo.”
“Se decía que iba por la calle en plena luz del día, con una lámpara encendida, gritando:
«Busco al hombre».”
“En otra ocasión, gritó: «¡Hombres a mí!» Al acudir una gran multitud les despachó golpeándolos con el bastón: «Hombres he dicho, no basura».”
“« ¿Por qué –se le preguntó- la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?» «Porque –repuso- piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero filósofos, jamás.»”
“A uno que le manifestó el deseo de filosofar junto a él, Diógenes le entregó un atún y le ordenó seguirle. Aquél, avergonzado de llevarlo, se deshizo del atún y se alejó. Diógenes se encontró con él al cabo de un tiempo y, riéndose, exclamó: «Un atún ha echado a perder nuestra amistad. »”
“Elogiaba a los que, a punto de casarse, se echaban atrás; a los que, yendo a emprender una travesía marítima, renunciaban al final; a los que proyectaban vivir junto a los poderosos, pero renunciaban a ello.”
Solía también decir que, cuando observaba a los pilotos, a los médicos y a los filósofos, debía admitir que el hombre era el más inteligente de los animales; pero que, cuando veía a intérpretes de sueños, adivinos y a la muchedumbre que les hacía caso, o a los codiciosos de fama y dinero, pensaba que no había ser viviente más necio que el hombre.
Repetía de continuo que hay que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse”













